Mamá, esa una
/Mamá.
Solo hay una. Es verdad.
Y no hay nada que me llene más el corazón que ser yo esa una para alguien más.
Esa una, es una, una sola y la quieres solo para ti.
Esa, a la que con los años, comprendes y admiras aún más.
Esa con la que las conversaciones se mueven entre dos mujeres maduras y entre una niña y su madre, sin importar tu edad.
Esa que te pregunta cómo estás tú, no tus hijos, no tu esposo: tú.
Esa con la que puedes platicar de ti misma por horas, sin prisa, sin fingir interés por la otra persona.
Esa de la que tu mejor amiga de la infancia habla con tanto amor.
Esa que te enseñó la magia de sentirte mamá de las hijas de tus amigas sin ni siquiera conocerlas.
Esa que hoy miras con compasión, con empatía.
Esa que cometió errores y pidió disculpas .
Esa que me abrió camino para ahora yo cometer mis errores y pedir mis disculpas.
Esa que me enseñó que la maternidad es imperfecta; no se falla, se aprende, se redirecciona y el amor solo crece más fuerte.
Esa que hoy miro de cerca. Esa que hoy busco. Esa que hoy necesito junto a mí.
Esa que es mía, solo mía.





